Los fondos inmobiliarios resisten el envite de la caída de ventas de las promociones y las turbulencias bursátiles. La razón fundamental es que estas instituciones de inversión colectiva destinan su patrimonio a bienes raíces, es decir, a comprar viviendas, oficinas, naves industriales, garajes, residencias de la tercera edad o locales comerciales para destinarlos al alquiler.
La rentabilidad media de los vehículos que invierten en Europa es del 4,27 por ciento a un año, según la información recopilada por la empresa de análisis Lipper. El rendimiento medio acumulado a tres años se sitúa en el 16,4 por ciento.
Esta alternativa financiera es más estable que la renta variable y la renta fija, por lo que se recomienda a los inversores pruedentes. La clave del rendimiento de estos productos está, sobre todo, en la rentabilidad que obtienen con el arrendamiento de los edificios que mantienen en propiedad. Es una opción que puede competir con las imposiciones a plazo fijo o los garantizados, ya que conviene mantener esta inversión un mínimo de cuatro años, según los expertos.
Sin embargo, aún siguen siendo desconocidos para la mayoría de los inversores. Hay dos motivos que podrían explicar su bajo empuje: una oferta limitada (nueve españoles y cinco extranjeros) y su escasa liquidez. No tienen reembolsos diarios, sino generalmente semestrales y, además, muchos castigan el rescate el primer año con una penalización del 3 por ciento de la inversión.
Nacieron en 1995, poco después de la creación de los fondos clásicos, pero su despegue ha sido lento, pues representan menos del cinco por ciento de la industria de inversión colectiva. La razón es que requieren un equipo profesional muy especializado y con un gran conocimiento del mercado inmobiliario.
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