Como el sol, la recuperación económica mundial sale por el Este. En concreto, por el sudeste asiático. Desde hace algunas semanas, economistas y operadores de mercados financieros escudriñan con atención – y nerviosismo – los indicadores publicados en Asia. Muchos de ellos tienen el sentimiento de que la zona está asistiendo a lo que parece una recuperación económica duradera, capaz de despertar al resto del mundo.
El Fondo Monetario Internacional ha roto con su pesimismo ya tradicional, para a través de la voz de su jefe, el economista Olivier Blanchard, decir “la recuperación ha comenzado”, incluso se va estimando el tiempo antes de volver a un crecimiento normal. Ahora bien, el FMI justifica en parte su esperanza por la situación en Asia : el organismo espera a partir de ahora un crecimiento del 5,5% para los países emergentes de esta zona, o sea, 0,7 puntos por encima de lo que se esperaba. Una revisión en ascenso, que se explica en parte por la mejora de las perspectivas en China, la cual podría crecer un 7,5% en 2009 según el FMI, que apostaba más bien por un 6,5 % hasta presente. El contraste viene de lado de los países occidentales: los Estados Unidos tendrían que ver su riqueza nacional retroceder un 2,6% y la zona euro un 4,8%.
Desde que estas nuevas previsiones han sido establecidas, julio, varios indicadores han venido reforzarlos. La producción industrial del conjunto de Asia ha botado de 36% al segundo trimestre. Taiwán, muy tocado por la crisis, ha dividido por tres el repliegue de su PIB al segundo trimestre. Pero sobre todo, Japón, Corea del Sur, Singapur y Hongkong han visto sus economías volver a color verde. Con respecto a las Bolsas de la zona, ellas parecen estar al alza, a la imagen de Shanghai, que ha recuperado 62% desde el comienzo del año.
Varios elementos explican este rebote económico. “La crisis ha sido particularmente violenta en los países donde la producción manufacturera tiene un peso especial”, explica Laurence Boone, economista en Barclays Capital. Es decir Alemania, Japón pero también los tigres asiáticos. “Estos países han sido confrontados durante el invierno a un destockage masivo y, desde el segundo trimestre, comienzan a relanzar su producción para reconstituir los stocks”. Segundo elemento, Asia es la zona donde los planes de recuperación han sido los más precoces y masivos. Han representado entre el 3,5% y el 4% del PIB.
El tercer factor de apoyo económico son los bancos. El sector bancario, tras la crisis de los años 1997-1998 y el derrumbamiento de la burbuja tecnológica de 2001 se han visto mucho menos implicados que los grupos europeos o estadounidenses en el asunto del subprime. Lo que permite a los establecimientos financieros continuar financiando el consumo interior. En Corea del Sur, los préstamos ascendieron a 2,1 mil millones de dólares en julio por sexto mes consecutivo. En Singapur, la banca continúa incrementando el 5 % su nivel de dinero prestado. Gracias al apoyo bancario, el gasto se ha mantenido a niveles elevados. En Indonesia, por ejemplo, el consumo se ha visto incrementado un 5% durante el segundo trimestre, solo un 1% menos que el año pasado.
El guión ideal de los próximos meses sería que la recuperación asiática continúe y pueda mantener el retroceso de los países occidentales. Sin embargo, hay que tener cuidado con esto, si Asia queda sola en el marco global de la economía durante mucho tiempo podría ahogarse.
Porque la espectacular recuperación asiática trae consigo ciertas inquietudes. El ascenso vertiginoso de la liquidez inyectada en las economías, acoplada a tasas de interés extremadamente bajo, ha entrenado en la zona un repunte de los precios inmobiliarios y de los activos bursátiles que hace nacer temores de otra nueva burbuja. Japón, en los años 1990, había relanzado su economía creando estas dos burbujas económicas: se ha actuado demasiado tarde para frenar la especulación y ha sido obligado a levantar sus tasas de interés demasiado alto, lo que ha provocado un doble crack, inmobiliario y bursátil. ¿Repetirá China el error de Japón?