Me encontraba sentadito frente a m tv, después de terminar con una jornada maratónica de edición, y por fin podría disfrutar tranquilamente de una buena lectura y ver un poco de noticias interesantes, a ver si una u otra idea se me venía a la mente; de pronto vi a un presidente Bush desesperado por la aprobación de un Plan de Rescate, me dije ¿tanto ha cambiado el mundo desde inicios de Agosto que la economía de Estados Unidos necesita un salvavidas?.
George W. Bush hizó una advertencia clara y directa, tal cual es su estilo, indicando de que de no aprobarse un Plan de Rescate financiero, ocurriría que los estadounidense podrían enfrentar una crisis financiera igual o peor que la recesión del 29, las consecuencias inmediatas estarían relacionadas con la pérdida de empleos, cierre de empresas, disminución de la capacidad de ahorro entre otras cosas. Pensándolo bien, me dije a mi mismo, ¿que podría interesarnos la economía norteamericana?, si están tan lejos; pues viéndolo por el lado lógico es algo que a todos debe interesarnos, tanto a moros como a cristianos, ¿porqueé?, simplemente porque esta economía es uno de los parámetros de la salud financiera mundial, si ellos están mal, nosotros sufriremos las consecuencias.
Los alcances de este plan han llegado al congreso norteamericano, se requiere urgente su aprobación, la idea es como señala George W. Bush “no es preservar a ninguna empresa, sino a la economía de un país”. Son 700,000 millones de dólares que requerirá dicho plan, el ausnto es que se requiere en un momento de campaña y puede pensarse que es un movimiento inesperado para ganar algunos votos, pero ¿esto será así?, a simple vista es una preocupación real, debido a ciertos hehcos que describiré resumidamente más adelante y a al interés de Bush por coordinar las implicancias de dicho plan con los dos candidatos al sillón de la Casa Blanca John McCain y Barack Obama, los tres se han comprometido conjuntamente a continuar con la idea del rescate.

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Hace aproximadamente 4.000 años, en Mesopotamia, se custodiaban en sus templos lo que se podría considerar hoy en día los dineros públicos: mercancías, granos y bienes preciosos. Las personas iban a estos lugares y una vez depositados sus bienes en los templos, los encargados de cuidarlos emitían un recibo a sus propietarios, que les permitía volver por sus posesiones. Es de recalcar que la escogencia de los Templos se daba porque estos contaban con la seguridad y la confianza necesaria para este trabajo por parte de sus depositantes.
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