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Crisis Financiera Mundial.

¿El 2.009 Será Otro 1.929?

Andrés Arellano
07:00h Miércoles, 31 de diciembre de 2008
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Sí hay algo que los comentaristas económicos han repetido hasta la saciedad en estos momentos de importantes turbulencias financieras, es el que nos estamos abocando o estamos insertados, en una crisis económica muy parecida a la de principios del siglo pasado, que en muchos aspectos, fue considerada como el fin del capitalismo liberal. Haciendo un repaso más calmado de las dos situaciones, la verdad es que las similitudes son inmensamente amenazantes; pero hay algo que las diferencia que nos hace creer que lo peor de la situación ya pasó.

A principios de la década de los años veinte, en los Estados Unidos una fuerte fiebre consumista se presentó, puesto que los ciudadanos de ese país encontraron muy satisfactorias las reducidas tasas de interés que la FED estaba otorgando, lo que incrementó fuertemente la oferta de dinero. Es evidente que lo que pasaba era que una situación de consumo al debe se estaba desarrollando en ese país.

Frente al fenómeno que se venía presentando, en donde los bancos tenían más dinero y fuertes proyecciones, la banca se lanzó a especular sin responsabilidad y sin ningún tipo de riesgo aparente. Como consecuencia de esto, en los años que antecedieron a la crisis, los valores bursátiles tuvieron un crecimiento del 400%, lo que los hacía muy atractivos para todos los ciudadanos.



No obstante lo anterior, la situación no se podría sostener por mucho tiempo. En una de las anécdotas que más me han impactado de esa época, es la que se cuenta sobre el papá de Kennedy, que estaba lustrándose los zapatos y en ese momento el lustrador le dijo que esa tarde iba a salir a invertir en el mercado de valores. Al escuchar esto, el importante empresario decidió vender todo lo que tenía en ese sector. Poco tiempo después de que esto sucediera, se dio la pérdida de 14.000 millones de dólares entre el 24 y el 29 de octubre de 1.929.

Algo no muy distante sucedió en nuestros días, dado que desde los años 90 hemos estado viviendo en una constante situación de creación de burbujas y estallidos de las mismas. Desde las acciones impresionantes de NASDAQ, hasta las subida en un 300% del índice Dow Jones, la especulación inmobiliaria en Japón, Europa y los Estados Unidos, la que terminó en el estallido de la actual y caótica situación mundial.

Después de la debacle de los primero días de principios del siglo pasado, la verdad es que la situación se vio fuertemente agravada por el comportamiento del gobierno republicano de la época, el del presidente Herbert Hoover. Como consecuencia de la pérdida de más del 90% del índice Dow Jones, el desesperado gobierno decidió subir las tasas de interés, y enfrascarse en una fuerte protección comercial, mediante un proceso de elevación de los aranceles, como consecuencia de la implementación de la Ley Smoot Hawley.

Como consecuencia de la decisión gubernamental de restringir el mercado monetario, el que estaba fuertemente ligado al inamovible patrón oro, la economía norteamericana pasó tener a más de 10 millones de desempleados, una caída en el Producto Interno Bruto de más del 30% y la quiebra de miles de instituciones financieras.

Ahora, es de decir que el comportamiento del gobierno norteamericano en este sentido sí dista mucho del de aquellos trágicos días. La verdad es que el momento por el que pasamos es muy preocupante, pero debe ser también muy gratificante saber que las lecciones aprendidas del pasado han hecho mella en los gobernantes, quienes han aplicado el saber que la experiencia nos ha entregado.

En esa época, el intervencionismo estatal era visto como un sacrilegio al desarrollo del capitalismo. A diferencia de nuestros días, el bloque comunista se presentaba como una alternativa al sistema de organización humano, por lo que aplicar alguna política cercana a su cuerpo teórico, era toda una barbaridad. Hoy mucho se ha madurado en ese sentido, y fue muy importante que el gobierno Bush haya tomado la decisión de intervenir en la crisis y detenerla, cosa que de haber hecho (sí hubiera sabido como) su co-partidario Hoover en esa época, se hubiera ahorrado muchos dolores y pesares a sus ciudadanos.

A pesar de la coincidencia generada en que un republicano en el poder tuvo que lidiar con la crisis, dándole paso a un demócrata para que acabara con ella; la verdad es que lo que debe resaltar es que sin importar el espectro político en el que los dos candidatos y el actual presidente se encontraran, todos tenían muy en claro cuál era el camino a tomar y las medidas a implantar. Eso es algo que nos debe dar un parte de seguridad a todos los ciudadanos del mundo.

De lo anterior, nace una de las diferencias más importantes entre los dos hechos históricos. Y es lo que hace referencia a la profundidad de la crisis mundial. Para Hoover era muy difícil entender que su papel a realizar era el de intervenir en la economía y atacar de frente a la crisis. Los postulados teóricos de aquel momento decían que lo único que podría hacerse era dejar que el mercado se auto regulara. Se necesito de Keynes para que se abriera el estrecho, dicotómico y tan dañino pensamiento económico de esos días.

Tan importante como el que los gobernantes sepan qué es lo que se debe hacer, es el hecho de que los ciudadanos de ese país hayan demostrado una inmensa madurez a la hora de votar por la persona que representa la ideología que debería funcionar de mejor manera para este momento. El intervencionismo estatal moderno y disciplinado, es muy cercano al partido demócrata estadounidense, quienes tienen toda la responsabilidad, así como el conocimiento y las herramientas, para sacar de manera más rápida y menos traumática del grave momento que vive la economía de ese país.

Con este panorama, la verdad es que el futuro de ese país y de todo el mundo es muy esperanzador. Es verdad que en este momento la situación no parece muy crítica, pero si la historia habrá de repetirse como hasta ahora la ha hecho, debemos pensar que después de sufrir la crisis, una época de mucha prosperidad se nos viene por delante.


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